QAMASA Digital. – En medio del creciente clima de conflictividad que atraviesa Bolivia, las Fuerzas Armadas de Bolivia emitieron este lunes un pronunciamiento público en el que ratifican su “lealtad institucional” al Gobierno y anuncian que se mantienen en estado de “apronte” frente a posibles escenarios de violencia y desbordes sociales.
El comunicado del mando militar señala que las Fuerzas Armadas actuarán “bajo el amparo de la ley” con el objetivo de preservar el orden público y garantizar la estabilidad constitucional, en un contexto marcado por bloqueos, enfrentamientos, protestas y crecientes tensiones políticas en distintas regiones del país.
Asimismo, la institución exhortó a la población a mantener la calma y evitar acciones que puedan derivar en una ruptura del orden constitucional o en escenarios de confrontación mayor.
El pronunciamiento adquiere especial relevancia debido a la escalada de movilizaciones sociales que en los últimos días han incluido bloqueos de carreteras, cercos urbanos, enfrentamientos con la Policía y denuncias de actos vandálicos en ciudades como El Alto y La Paz.
La declaración de “apronte” militar también refleja la preocupación del Estado frente al riesgo de que la crisis social evolucione hacia episodios de pérdida de control territorial o violencia generalizada.
Sin embargo, la participación o eventual despliegue de las Fuerzas Armadas en conflictos internos siempre genera un debate sensible en Bolivia, un país donde la memoria colectiva aún conserva episodios traumáticos vinculados a intervenciones militares durante crisis políticas y sociales.
La línea entre garantizar el orden público y evitar excesos represivos se convierte nuevamente en uno de los temas más delicados del momento. Mientras algunos sectores consideran necesaria una respuesta firme frente a bloqueos y disturbios, otros advierten que la militarización de la crisis podría profundizar aún más la polarización y la confrontación social.
El mensaje de las Fuerzas Armadas también tiene un fuerte contenido político e institucional: reafirmar respaldo al Gobierno y enviar una señal de control en medio de versiones, rumores y tensiones sobre la estabilidad del país.
La gran interrogante es si el “apronte” militar funcionará como mecanismo disuasivo para evitar mayores disturbios o si, por el contrario, terminará alimentando un escenario de tensión aún más delicado.
Bolivia atraviesa así uno de los momentos más sensibles de los últimos años, donde la presión social, el desgaste político y la creciente conflictividad comienzan a poner a prueba la capacidad del Estado para contener la crisis sin romper el equilibrio democrático.

