QAMASA Digital.- “En el banco se necesita un garante, te piden todo el papeleo.” dijo Benedicta, al relatar las dificultades con las que se encontró a la hora de iniciar su emprendimiento de tejidos. Ella sabía que sin el capital inicial, su negocio no daría frutos, así que se animó a pedir un microcrédito, una herramienta nacida de la mano de Muhammad Yunus, en Bangladesh, pensado como una forma de incluir a personas de bajos recursos que no pueden acceder a un préstamo tradicional en el sistema financiero.
Este mecanismo de financiación tiene un alto potencial para lograr el desarrollo y la independencia económica de las personas, pero ya desde sus inicios, el BID (Banco Internacional de Desarrollo) advirtió que para que sea adecuado, es necesario el desarrollo de la capacidad empresarial y talento gerencial, así como la disciplina de la persona que recibe el crédito. De no ser así, es posible que los clientes no puedan beneficiarse del crédito y se vean simplemente abocados a la deuda.
Benedicta, además de un microcrédito, recibió capacitaciones y asesoramiento. Gracias a estas, pudo adquirir habilidades de administración y manejo de herramientas digitales para impulsar su negocio. Su emprendimiento fue el que le permitió salir adelante a ella y sus 6 hijos luego de que tuviera que mudarse a La Paz tras el cierre de la empresa minera en donde trabajaba. Con sus hijos crecidos y su nieto en la universidad, se siente orgullosa de lo que ha logrado.

La constancia es la clave para que los microcréditos rindan, comenta Benigna, de Potosí. “Yo creo que la responsabilidad viene de la necesidad que una tiene, porque yo tenía esa necesidad de ganar y dar de comer a mis 3 hijos”, asegura. Luego de separarse de su pareja, se quedó sin nada. Para salir adelante, comenzó vendiendo sombreritos y botincitos hechos por ella y más adelante pidió un pequeño crédito para obtener una
máquina de coser. Con sus ventas, pudo comprar camas para sus niños y alquilar una casa bonita donde vivir.
En el caso de Geraldine de Oruro, el préstamo que pidió le sirvió para expandir su servicio de catering. El negocio ya contaba con una clientela estable, pero ella quería hacerlo crecer mejorando su horno y comprando vajilla para ampliar la variedad de servicios que ofrecía. “Al inicio he empezado con un monto mínimo y después he ido sacando más de acuerdo con mis posibilidades de trabajo y de oportunidades que se me han ido
presentado”, explica. Ahora ya lleva 13 ciclos con la organización y también sus hijas fueron beneficiarias. La mayor pidió un crédito para terminar su tesis como ingeniera química y la menor, protesista dental y cosmetóloga, para ponerse su propio gabinete cosmetológico en Cochabamba.
Eva, repostera de Tarija, nos recuerda que el éxito de los microcréditos no es inmediato, sino que hay que ser persistente y no darse por vencida. “Seguro el primer día que salgas, vas a vender la mitad, porque nadie te conoce. Pero al día siguiente alguien va a decir ‘esto está rico´ y va a volver y le va a decir a alguien que venga. No tiren la toalla el primer round”, dice aconsejando a quienes quieren iniciar el camino de emprender. Con
66 años, considera su vida realizada y para nada insulsa. Se siente satisfecha al ver que sus hijas ya son profesionales independientes y que ella y su esposo pueden vivir en una finca en el campo (Pro Mujer).

