QAMASA Digital. – “Volvió el tren, volvió la alegría”. La frase de Rosa Vidal resume el sentimiento que se vivió el fin de semana en la Chiquitania. Desde hace 45 años, ella sirve locro de gallina, majadito, picante de lengua y otros platos típicos en el comedor ubicado junto a la estación de Roboré. Como muchos otros habitantes de la región, esperó durante años el regreso del tren de pasajeros.
La espera terminó el 29 de mayo, cuando a las 10:30 partió desde Santa Cruz de la Sierra el primer servicio de pasajeros después de seis años de pausa forzada. A bordo viajaban 189 personas rumbo a la Chiquitania. El trayecto tomó cerca de 24 horas, pero el tiempo quedó en segundo plano. En cada estación y en cada pueblo del recorrido, los pobladores organizaron actos de bienvenida para recibir nuevamente al histórico ferrocarril.
Para Rosa, la emoción fue difícil de contener. “Volver a ver el tren de pasajeros fue una emoción tan grande que casi lloro”, cuenta la mujer de 60 años, quien pasó tres cuartas partes de su vida vinculada al movimiento ferroviario.
Su historia está estrechamente ligada a la estación. Aprendió a cocinar junto a una antigua propietaria de una pensión que atendía a trabajadores del ferrocarri. Con el tiempo heredó el negocio y durante más de una década preparó alimentos para operadores, maquinistas y personal de Ferroviaria Oriental. “Esa señora me heredó el gusto por cocinar y también su negocio. Por eso es importante volver a ver el tren”.
La reactivación del servicio ha sido celebrada no solo por quienes trabajan directamente en torno a la estación. En Roboré y otros municipios existe la convicción de que el tren es un motor económico que beneficia a múltiples sectores.
Fernando Reche Banzer, dirigente cívico de Roboré, sostiene que el impacto del ferrocarril se extiende más allá del serbvicio de transporte. “Las vivanderas, los trabajadores de limpieza, los pequeños negocios alrededor de las estaciones, los empleados ferroviarios y el turismo forman parte de una cadena económica que durante años estuvo acostumbrada al movimiento que generaba el tren”, explica.
Por eso no le sorprendieron las celebraciones que acompañaron el recorrido inaugural.
“El tren es emoción, es economía, es turismo, es movimiento. La gente entiende que con el tren funcionando nuevamente la Chiquitania vuelve a conectarse con mayor facilidad al resto del departamento”, señala.
El entusiasmo también se refleja entre los trabajadores ferroviarios. Gabriel Arteaga, jefe de patio de la estación de Roboré, recuerda que el servicio de pasajeros fue suspendido debido a la caída de la demanda durante la pandemia de Covid-19. Aunque posteriormente se mantuvieron las operaciones de carga y logística, reconoce que la dinámica ya no era la misma. “El servicio de carga continuó, pero no era igual. El tren de pasajeros tiene una relación directa con la gente y con las comunidades”, comenta.
Para Arteaga, el retorno representa además una responsabilidad. “Reanudar el servicio de pasajeros es un compromiso y un reto para la empresa y para nosotros como trabajadores. Se trata de brindar seguridad y confort a personas que ponen su confianza en nuestras manos”, afirma.
Con más de una década de trabajo en la ferroviaria, el funcionario asegura que el regreso del tren marca el inicio de una nueva etapa para la región.
Mientras las locomotoras vuelven a recorrer los rieles del este boliviano, en los pueblos de la Chiquitania renace también una expectativa largamente postergada: que el tren vuelva a ser sinónimo de integración, oportunidades y desarrollo para miles de familias que crecieron al ritmo de su paso(El Deber)

