QAMASA Digital.– Cada 15 de julio, la Entrada Folklórica en honor a la Virgen del Carmen paraliza las principales avenidas de la urbe alteña. Más allá del brillo de las danzas urbanas, la festividad se erige como un acto de resistencia cultural. Las expresiones autóctonas de la ciudad se consolidan como el cordón umbilical y la reserva identitaria de una población mayoritariamente migrante.
El presidente de la }asociación de Conjunto Folklóricos Virgen del Carmen, Bernabé Torrejón, destacó el óptimo estado organizativo del evento y anunció las metas institucionales de la organización:
«Hemos cumplido con éxito las metas de ordenar la asociación y su entrada folklórica. Ahora nos queda trabajar firmemente para postular a nuestra festividad ante la UNESCO y lograr el reconocimiento como patrimonio mundial», afirmó.
La música originaria responde a una dimensión ritual vinculada directamente con el clima y la producción agrícola. Los instrumentos nativos segmentan la devoción en tres grandes dimensiones tradicionales. Ritmos como la Tarqueada invocan al Jallupacha (época de lluvias) con sonidos roncos para propiciar la abundancia. El Pinkillo expresa el agradecimiento por las cosechas, mientras que la Moseñada recrea el cortejo juvenil y el agradecimiento sagrado a la Pachamama.
Expresiones como los Khantus de Charazani trasladan el misticismo médico de la cultura kallawaya. Por su parte, los Sikuris de Italaque evocan el awtipacha (época seca) mediante la complementariedad de las zampoñas macho y hembra. A estos se suman la vistosidad del Suri Sicuri y el misticismo histórico de las Quena Quenas.
El Auki Auki caricaturiza a los conquistadores españoles mediante la picardía. Los Wititis exhiben destreza guerrera, los Chicheños representan la riqueza cultural del sur del país y el Mucululu destaca como una joya etnográfica de vestimenta tradicional pesada.
Autogestión y proyección internacional
La preservación de este patrimonio no depende de presupuestos estatales ni municipales. Son los propios comunarios, artesanos y músicos quienes financian la confección de prendas y la fabricación de instrumentos. Ante la falta de apoyo económico de la alcaldía local, la Asociación de Conjuntos Folklóricos de El Alto opera como el único respaldo logístico para evitar la distorsión comercial de los ritmos.
Torrejón enfatizó que las fraternidades autóctonas son el pilar mayor de la festividad. Asimismo, agradeció el esfuerzo de directores, pasantes y prestes mayores por sostener el crecimiento cultural de la ciudad.
El trabajo de los músicos coincide en el sentido ritual de la promesa. Al pasar por la Iglesia Santa María de los Ángeles, los fraternos se despojan de sus sombreros ante la «Mamita del Carmen». Con este gesto, los bailarines no sólo cumplen una devoción individual de tres años, sino que renuevan un pacto ancestral de reciprocidad con los ciclos de la tierra(PERIÓDICO QAMASA).

