QAMASA Digital. – La majestuosidad del Carnaval de Oruro no nace de la nada; brota de una devoción que se cultiva con paciencia, respeto y fe desde el primer instante.
Esta invaluable fotografía histórica de 1968, nos traslada al verdadero corazón del Primer Convite, capturando a los Cocanis, mujeres de pollera ataviadas con mantas de vicuña, guardianes incansables de innumerables tradiciones y costumbres que le dan vida a nuestra festividad.
Mucho antes de que los fastuosos trajes llenen las calles de color el Sábado de Peregrinación, el Primer Convite marca el inicio de la promesa espiritual.
En esta emotiva imagen vemos reflejada la profunda identidad Uru Aymara, un pueblo devoto por excelencia de la Virgen del Socavón.
Son sus mujeres y hombres quienes, con profunda reverencia, cargan en procesión a la «Mamita Q’antila» rindiéndole tributo hacia su Santuario, hoy La Basílica Menor Nuestra Señora del Socavón
Este día es el primer ensayo general en las calles, el momento exacto donde se mide la resistencia de los bloques, se integran los nuevos rostros y se renueva el auténtico «convite»: el compartir y convivir que en los Cocanis han sabido conservar con tanto orgullo a lo largo de los años, porque al final del recorrido, nuestras madres de pollera nos esperaban con comida envuelto en Aguayos y nuestras 2 cervezas, para ch’allar el haber complido con nuestro recorrido.
Esta fotografía es un testimonio vivo de que el Carnaval de Oruro es, ante todo, una peregrinación de amor hecha danza; una herencia cultural y espiritual que se lleva en la sangre y se transmite de generación en generación(Fabrizio Gutierrez Ríos).

