QAMASA Digital.- El Festival Internacional de Música Renacentista y Barroca no solo revitaliza la identidad boliviana, sino que coloca al país en la “vitrina mundial”.
La historia se remonta a 1972, cuando el arquitecto suizo Hans Roth recuperó miles de partituras en San Rafael y Santa Ana, trasladándolas a Concepción para su resguardo. El impulso definitivo llegó tras la declaratoria de la Unesco en 1990, con la frase de la musicóloga Amelia Samper: “Esta música no vale si no suena”, que marcó el inicio del festival en 1996.
Para Percy Añez, presidente de la Asociación Pro Arte y Cultura (APAC), el encuentro ha generado un “ecosistema de entre 35 y 40 orquestas” en Santa Cruz, consolidándose como un evento de alta calidad artística que despierta interés en las comunidades.
La dimensión internacional también es destacada por directores como Édgar Salazar, quien asegura que el festival coloca a Bolivia en los “ojos del mundo”, al permitir que niños y jóvenes locales compartan escenario con virtuosos de tres continentes.
En el plano económico, el experto en turismo Nelson Pacheco subraya que la muestra genera un intenso movimiento hotelero, gastronómico y de transporte, dinamizando la economía regional.
Cada edición reúne a músicos de renombre internacional junto a talentos locales, consolidando un espacio de intercambio artístico que refuerza la identidad regional y nacional.

