Qamasa Digital. – En los últimos años, la banca digital ha transformado la forma en que las personas manejan sus finanzas. La historia de Gloria Saenza, una usuaria habitual de estos servicios, ilustra esta revolución. Gloria no siempre fue tan segura. Recuerda sus primeros pasos en este mundo virtual, donde el temor a ser estafada o a perder su dinero se cernía sobre ella como una sombra.
«Al principio, como todos, había ese temor de que nos engañen o que nos roben», confiesa. Pero el tiempo, ese maestro implacable, le enseñó a navegar por las aguas de la digitalización. «Con el tiempo, uno se vuelve más experta y se da cuenta de que es mucho mejor que andar con billetera», dice, dejando entrever una sabiduría adquirida a pulso.
Su adaptación a la banca digital no solo ha sido un cambio de hábito, sino una verdadera transformación en la manera de gestionar su economía. «Ahora, el porcentaje de transacciones que hago con la banca digital es de un 80%, y solo un 20% en efectivo», revela Gloria, con una precisión que denota el control que ha ganado sobre sus finanzas personales. Para ella, cada transferencia y cada pago son pasos hacia una vida más cómoda y segura.

En su relato, Gloria representa a muchos que, al igual que ella, han encontrado en la banca digital una herramienta que no solo simplifica su día a día, sino que también les empodera. El miedo inicial se ha transformado en confianza, y lo que alguna vez fue un desafío se ha convertido en un aliado.
Mientras la conversación avanza, es evidente que Gloria no es solo una usuaria de la banca digital; es un símbolo de la revolución silenciosa que está redefiniendo nuestras relaciones con el dinero.
La creciente aceptación de la banca digital ha sido acompañada de una preocupación constante por la seguridad. Guido Rosales Uriona, especialista en ciberseguridad, señala que la susceptibilidad hacia estas plataformas es mayor en personas que no dominan la tecnología. «El problema no son tanto las aplicaciones, sino el manejo que le da el usuario. Si no protege su dispositivo o utiliza contraseñas débiles, está expuesto a riesgos», explica Rosales.
Para aquellos que dominen la tecnología, como Rosales, que ha estado utilizando servicios digitales desde 2008 sin experimentar problemas. Compartió su experiencia: “Desde que salí de la universidad, nunca he tenido un solo problema”.
Su afirmación llevaba consigo el peso de años de interacción con el mundo digital, donde la seguridad se convierte en una responsabilidad compartida. “El problema radica en el usuario”, continuó, señalando con claridad que no son solo las plataformas las que deben estar protegidas, sino también las personas que las utilizan.
Mientras hablaba, recuerda lo que vivió una tía que, confiando en la buena fe de un mensaje de WhatsApp, cayó en la trampa de un estafador que se hacía pasar por funcionario de una compañía telefónica. No tenía cuentas digitales, pero el riesgo siempre está presente. “Si hubiera tenido cuentas, se hubieran metido y habría sido un caos”, reflexionó. La vulnerabilidad humana, más que el fallo de un sistema, se erige como la principal amenaza en este entramado digital.
Las conversaciones sobre seguridad en aplicaciones como Yape u otras y los sistemas de los bancos son complejas. “No puedo decir que son 100% seguros”, admitió, “siempre hay una pequeña huella, una debilidad”. Sin embargo, la confianza en estos sistemas ha crecido, y la mayoría de las personas dependen de ellos para manejar sus finanzas. “Yo nunca he tenido problemas, porque tengo cuidado con mis contraseñas”, dijo con un tono de autoridad que solo podría venir de alguien que ha pasado años lidiando con códigos y algoritmos.

El miedo a ser víctima de un fraude se ha convertido en una constante en nuestra sociedad. “A uno le escriben, usted ha ganado un premio, ponga su número de carnet, su correo, la clave, y ahí es donde se hace vulnerable uno”, puntualizó, subrayando que la mayoría de las estafas ocurren por la falta de precaución de los usuarios. Según su perspectiva, más del 99% de los robos en línea se derivan de la desinformación y la imprudencia.
El uso de códigos QR, una de las innovaciones más populares en la banca digital, también ha suscitado preocupaciones. Enid López, jefa de ChequeaBolivia, enfatiza la importancia de verificar la autenticidad de los QR antes de escanearlos. «Muchos estafadores han utilizado QR falsos para engañar a las personas, haciéndose pasar por conocidos. Siempre es recomendable confirmar la solicitud mediante una llamada», aconseja López.
Las estafas mediante QR han proliferado en el contexto de la digitalización. López menciona que la técnica del «QRishing», que involucra el uso de códigos QR para robar información personal, se ha vuelto cada vez más común. «Los delincuentes pueden enviar un QR que, al ser escaneado, permite acceder a datos sensibles o incluso a cuentas bancarias», alerta.
Además, las estafas de inversión, muchas veces promovidas a través de redes sociales, han encontrado un terreno fértil en la desinformación. López advierte que ofertas de dinero fácil suelen ser fraudulentas. «Es crucial desconfiar de cualquier propuesta que parezca demasiado buena para ser verdad. El dinero fácil generalmente es sinónimo de estafa», enfatiza.

A pesar de los riesgos, muchos emprendedores, como Vanessa Quispe, propietaria de una tienda de televisores, han adoptado la banca digital con confianza. «Utilizamos el QR para las ventas, y aunque el 70% de nuestras transacciones son en efectivo, confiamos en que el sistema es seguro, siempre y cuando confirmemos cada pago que recibimos», explica Quispe.
La revolución de la banca digital no solo ha facilitado las transacciones diarias, sino que también ha cambiado la manera en que las empresas y los consumidores interactúan con el dinero. Sin embargo, la seguridad es un asunto que requiere atención constante. Las recomendaciones son claras: proteger las cuentas con contraseñas fuertes, estar alerta ante posibles estafas y confirmar todas las transacciones antes de proceder.
En un mundo donde la digitalización es cada vez más prominente, la responsabilidad de protegerse recae en el usuario. La educación digital y la conciencia sobre los riesgos son fundamentales para navegar con seguridad en el vasto océano de la banca digital. Así, la revolución silenciosa y segura de la banca digital continúa, ofreciendo tanto oportunidades como desafíos en el camino hacia un futuro financiero más accesible y eficiente.
Por: Martín Balcázar Martínez
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