Por: Galia Ramos Borda. Sociologa/Directora Periódico Qamasa
En un mundo globalizado que tiende a unificar las expresiones culturales, proteger la identidad local y el patrimonio histórico se ha vuelto una cuestión clave de soberanía nacional.
El Día Nacional de la Morenada, institucionalizado por la Ley 512, va más allá del festejo y el colorido. Esta fecha se ha consolidado como un espacio de memoria histórica y cohesión social, clave para reivindicar la propiedad intelectual de Bolivia sobre una de sus danzas más emblemáticas.
La Morenada es patrimonio inalienable del Estado Plurinacional de Bolivia., su génesis no responde a un fenómeno coyuntural, sino a un profundo proceso de sincretismo e hibridación que hunde sus raíces en el periodo colonial. La Morenada es una creación activa, un hecho estético y coreográfico donde el indígena tomó el control de la narrativa para plasmar su propia cosmovisión y costumbres.
Separar la Morenada de su origen e historia en Bolivia, o intentar copiarla en países vecinos, es una distorsión de la realidad. Para el país, esto representa una ofensa a la memoria de su pueblo, que logró transformar sus vivencias históricas en una de las mayores obras maestras del folklore latinoamericano.
Esta soberanía cultural goza de un respaldo internacional inobjetable, tras las declaratorias de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), que reconocen explícitamente a la «Danza de la Morenada» como patrimonio de Bolivia dentro de las carpetas y formularios oficiales de postulación. Tanto en la proclamación del Carnaval de Oruro, la Festividad del Señor Jesús del Gran Poder, la Fiesta de la Virgen de Guadalupe, patrona de Sucre y Ch’utillos, Fiesta de San Bartolomé y San Ignacio de Loyola, encuentro de culturas en Potosí en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, la UNESCO valida jurídicamente que esta expresión folklórica pertenece al acervo cultural inmaterial del Estado boliviano, desestimando cualquier intento externo de apropiación indebida.
En este entramado patrimonial, la figura de José Flores Orozco, conocido mundialmente como el Jach’a Flores, adquiere una relevancia de primer orden, por que su contribución no se circunscribe únicamente a la prolífica composición lírica; su verdadero hito radica en haber revolucionado la cadencia y la métrica de la danza pesada. Al ralentizar el compás de los morenos, el Jach’a Flores dotó a la coreografía de ese ritmo cansino, solemne, majestuoso y profundamente ceremonial que hoy caracteriza a la especialidad. Piezas de su autoría como La Mentirosita, Una linda Paceñita que se popularizó luego como una Linda Paceñita, el Hombre Solitario, Chiquita Orureñita o Lógica Aymara mudaron de la categoría de melodías populares a la de verdaderos documentos de identidad nacional. Su imprevisto deceso el 2 de septiembre de 1998 pero que derivó en encontrar su cuerpo en su casa el día 7, impulsó una movilización orgánica de las siete instituciones matrices del Carnaval de Oruro, lideradas activamente por la Morenada Central Oruro fundada por la Comunidad Cocani, de la cual fue un fraterno notable. Fue esta institución folklórica que gestionó y promovió la norma jurídica actual, asegurando un blindaje legal e institucional para el acervo folklórico boliviano.
Asimismo, la visión integradora del compositor se manifestó en su rol como Asesor Cultural de la Asociación de Conjuntos Folklóricos del Gran Poder en la ciudad de La Paz en la gestión del Dr. Freddy Yana C. Su predilección por agrupaciones paceñas como la Gran Fraternidad Morenada Comercial Eloy Salmón, donde bailaban las figuras conocidas como Las Galias (las hermanas Ramos Borda/también figuras de los Cocani) de quienes era leal amigo y con quienes apoyó la participación de la Banda Poopó de Oruro en la gestión de José Mercado e Irma Sanga de Mercado en Gran Poder.
También a la Fraternidad Cultural Fanáticos del Folklore, materializó en una instrucción estética de profunda carga geopolítica: la adopción de los colores azul y amarillo, insignias históricas de la Morenada Central de Oruro fundada por la Comunidad Cocani y lla fraternidad Morenada Chacaltaya 97.16 de la ciudad de El Alto. Mediante este gesto emblemático, el Jach’a Flores consolidó un puente indestructible de unidad folklórica, colaborando activamente para que el sentimiento de la danza pesada no admita fragmentaciones regionales.
Hacia el interior del estado, la Morenada opera como un poderoso catalizador de unidad nacional e integración social. Al compás de las matracas, se difuminan las asimetrías socioeconómicas y las discrepancias de índole política, unificando el mapa geográfico en un solo sentimiento.
Esta danza constituye el eje gravitacional del Carnaval de Oruro, pero extiende su hegemonía con idéntico rigor interpretativo en la festividad del Señor Jesús del Gran Poder en La Paz, donde 22 fastuosas fraternidades configuran un despliegue de fe y opulencia. El mismo fenómeno de cohesión se replica en la festividad de la Virgen de Urkupiña en Cochabamba, Ch’utillos en Potosí y la Virgen de Guadalupe en Sucre, además de todos los rincones del país, demostrando que no existe confinamiento geográfico para el latido de la identidad boliviana.
Hacia el exterior, la danza se erige como el embajador cultural más claro y efectivo del país, articulando la denominada Imagen Bolivia en los cinco continentes. En cada urbe global donde residen bolivianos, la Morenada se hace presente como un símbolo de presencia, organización y orgullo identitario. Detrás de la espectacularidad de cada bloque, subyace una compleja cadena de valor que involucra a maestros artesanos, bordadores, mascareros, compositores y directores de bandas, eslabones fundamentales a quienes en esta fecha se debe tributar un riguroso reconocimiento por la salvaguardia del patrimonio vivo.
Defender la Morenada implica, en última instancia, salvaguardar la soberanía del ser nacional. En una época caracterizada por discursos de polarización, esta expresión folklórica evoca la existencia de una raíz común e indisoluble.
Conmemorar su día nacional bajo el amparo de la legislación boliviana es proclamar de manera unánime, formal y categórica ante la comunidad internacional que la Morenada es, por derecho histórico, herencia inalienable y prerrogativa jurídica, un patrimonio que pertenece y pertenecerá siempre a Bolivia.

