QAMASA Digital.– La presencia de la mujer en la Fiesta del Gran Poder representa, posiblemente, el fenómeno sociológico y económico más relevante de la Bolivia contemporánea. Lo que inició como un rol de acompañamiento a la pareja en la fraternidad y la danza, ha evolucionado hacia un auténtico matriarcado financiero. En este escenario, la mujer actúa como la arquitecta de una economía real, transformando la fe y la cultura en activos rentables y demostrando que el manejo inteligente de la liquidez y las redes sociales constituyen el poder que sostiene la festividad más grande de los Andes.
La Festividad del Señor Jesús del Gran Poder de la Santísima Trinidad —expresada en la Entrada Folklórica que recorre la ciudad de La Paz— se ha consolidado como el evento cultural y socioeconómico más relevante del occidente boliviano, con réplicas a nivel nacional e internacional. Lo que nació en el barrio de Chijini (hoy zona comercial estratégica de la ciudad) ha mutado hasta convertirse en un acontecimiento que moviliza millones de dólares a través de una compleja red de sectores formales e informales.
Desde una mirada externa, esta celebración suele reducirse a una mera expresión de fe o a un despliegue folklórico. Sin embargo, debajo de las máscaras de morenos, los trajes coloridos y el estruendo de las bandas, subyace un organismo vital que persiste gracias al esfuerzo femenino. Este protagonismo no es solo estético, sino profundamente gerencial.
«Nuestro rol ha dejado de ser secundario o exclusivamente simbólico, todo el año que implica la organización, como pasantes, asumimos un liderazgo activo para la toma de decisiones, en una responsabilidad que no solo implica presencia, sino también capacidad de decisión, organización y representación; lo que permite el reconocimiento social de las mujeres como actoras importantes en el desarrollo de la festividad», dijo Claudia Cossío, Pasante de la Gestión 2022 de la Morenada Comercial Eloy Salmón, con Doctorado en Gestión del Desarrollo y Políticas Publicas.
En este nuevo ecosistema de poder, el ejercicio del cargo trasciende lo devocional para convertirse en una plataforma de validación profesional y política. Al respecto, la Preste Mayor 2024 del Señor Jesús del Gran Poder, Carmen Rosa Apaza Fernández, quien además es Licenciada en Psicología y Administración de Empresas, forma parte de la Fraternidad Nueva Generación Viajeros La Paz Charaña en Gran Poder, afirma: «El cargo de Warmi Preste ha sido clave para colocar a la mujer dentro de todo lo que es la festividad del Gran Poder, pasando de alguien secundario o de acompañamiento a uno de liderazgo y muy reconocido… rompiendo esquemas tradicionales donde el protagonismo recaía principalmente en el varón en épocas de historia. Hoy en día toma mucho más valor debido a que nuestra cultura es matriarcal«.
En este espacio, la mujer de pollera ejerce una soberanía que desafía las lógicas del capitalismo tradicional. Esta dinámica, centrada en la figura de la Warmi Preste –Pasante (así como en la mujer de vestido que se transforma con el uso de la pollera en la fiesta), encuentra su columna vertebral en un empoderamiento socioeconómico inédito.
Este poder no surge de la nada, sino de una evolución estratégica: la mujer de pollera ha pasado de depender únicamente del Ayni —un sistema de préstamos basado en la confianza y el honor entre conocidos— a transformarse en una clienta prioritaria y muy atractiva para los bancos formales. En este nuevo escenario, la “Warmi” actúa como la verdadera gerente de operaciones de la festividad, demostrando que puede dirigir grandes presupuestos y tomar decisiones financieras clave, uniendo sus tradiciones con los negocios modernos para lograr una independencia total en el siglo XXI.
El Ayni: El Capitalismo de la Reciprocidad
El Ayni, sistema de reciprocidad andina, constituye la primera fuente de financiamiento y la base de la autonomía femenina en la fiesta. Para la mujer que asume el cargo de Preste-Pasante, el Ayni funciona como un esquema de crédito basado en la confianza y el prestigio. Cada manta, cada caja de cerveza o cada banda de música recibida de otras mujeres, representa una «deuda de honor» que circula fuera del sistema bancario tradicional.
En este intercambio, la palabra y el apellido poseen un peso superior a cualquier garantía hipotecaria. Se articula así una red de microfinanzas comunitarias capaz de movilizar capitales masivos, otorgando a las líderes una «soberanía financiera» que prescinde, en su etapa inicial, de la banca tradicional o las cooperativas. Esta autonomía alcanza incluso a aquellas mujeres que adoptan la pollera como un símbolo estratégico de identidad y poder durante la festividad.
Sobre la naturaleza de este esfuerzo y la autonomía que genera, Lourdes T. de Cuentas, quien fuera Pasante de la Fraternidad Unión Comercial, y su hija Marybeth Cuentas, profesional con títulos en Ingeniería Química e Ingeniería Comercial y actual administradora de la empresa familiar, además guía de la Fraternidad, Espectacular Peso Pesado coinciden en destacar el origen de estos recursos.
«Influye demasiado y positivamente. Ya que mayoría son mujeres trabajadoras, emprendedoras, comerciantes y todo lo que se demuestra en la fiesta mayor de Los Andes como ser nuestros trajes, joyas, eventos sociales; viene del esfuerzo propio. Eso es de admiración y respeto. Ya son vistas como mujeres capaces, exitosas y autosuficientes», señala Marybeth.
Asimismo, esta red de reciprocidad permite que la identidad cultural se convierta en un activo gestionable.
«A través de nuestra participación, mantenemos viva nuestra identidad, la expresión cultural, y sin duda, las mujeres que vestimos con orgullo las paradas de cada gestión, contamos con autonomía financiera que permite proyectar nuestra presencia en la festividad», manifiesta por su parte Claudia Cossio Carpio.
Capital Simbólico y Habitus
Bajo la lente sociológica del Habitus de Pierre Bourdieu —ese sistema de gustos y comportamientos adquiridos que definen nuestra identidad social—, la opulencia de la pollera en el Gran Poder trasciende la estética. Lo que podría parecer mera vanidad, es en realidad una acumulación estratégica de capital simbólico.
En este escenario, la vestimenta —recargada de joyas y bordados artesanales— funciona como un «balance general» caminante. A primera vista, la mujer comunica su solvencia y su posición dentro de la jerarquía socioeconómica. Aquí, el gasto no es un despilfarro, sino una inversión: se compra «nombre» y crédito social. Este prestigio se traduce posteriormente en oportunidades de negocio tangibles y redes de influencia que les permiten sortear con éxito la burocracia tradicional.
Sobre este complejo proceso, Lourdes Ticona de Cuentas, señala: «Todo ha sido un largo proceso de revalorización, adaptación y aceptación de nuestra identidad. Con el paso de los años la mujer de pollera ha sabido superarse y vencer prejuicios, estudiando, emprendiendo y usando redes sociales, ganando participación en varios segmentos de la sociedad sin dejar su vestimenta. Ahora representa elegancia, poder económico y éxito».
En este mismo sentido, Carmen Rosa Apaza, destaca cómo esta construcción de capital simbólico permite superar barreras históricas de exclusión.
«La adaptación cultural de la pollera se ha logrado mediante varias estrategias: la concientización de la identidad cultural, la presencia de mujeres de pollera en espacios económicos y profesionales… No esta demás recordar la constante lucha con la discriminación hacia este personaje que con el tiempo ha ido creciendo culturalmente y que ha ido cambiando de un tenor de discriminación a un tenor de reconocimiento social», asegura.
La Banca Formal y la «Warmi Preste-Pasante»
El empoderamiento actual ha dado un salto cualitativo al convertir a la mujer de pollera en un sujeto legal prioritario para la banca formal. Las entrevistadas señalan que entidades financieras como BancoSol, Banco FIE, Banco Unión y Ecofuturo han identificado este nicho estratégico, reconociendo que el cargo de “Warmi Preste-Pasante” constituye un indicador infalible de solvencia. Organizar una fiesta de esta magnitud implica una movilización de capitales masivos que oscila entre los $us 50.000 y $us 150.000, lo cual demuestra ingresos elevados y constantes provenientes, usualmente, del comercio mayorista, el transporte y la actividad empresarial.
En este contexto, el sistema financiero boliviano ha tenido que adaptarse a la «Warmi Preste-Pasante», reconociéndola como un sujeto de crédito de bajo riesgo pero de alta liquidez. Instituciones como la Cooperativa Jesús del Gran Poder entienden profundamente la liquidez del ciclo del Ayni y diseñan planes de pago que se ajustan con precisión a la estacionalidad de la fiesta; estos prevén la recuperación de capital a través de los aportes de los fraternos y la monetización de regalos (como cerveza o dinero en efectivo, entre otros).
Esta realidad ha obligado a la banca a hablar el idioma de estas líderes, tanto en términos literales como culturales. Según destacan Lourdes Ticona de Cuentas y su hija Marybeth Cuentas, estas mujeres «ya son vistas como mujeres capaces, exitosas y autosuficientes».
La banca, por tanto, desarrolla narrativas específicas para llegar a estas «gerentes financieras» quienes, de acuerdo con la perspectiva de Carmen Rosa Apaza, demuestran una capacidad única para generar y administrar recursos a través del comercio y las empresas familiares, consolidando su posición como actoras fundamentales de la economía nacional.
Dualidad y Ventaja Competitiva
La Warmi Preste-Pasante contemporánea ya no solo administra el «tesoro» de la fraternidad bajo lógicas comunales; ahora gestiona préstamos de consumo a gran escala y utiliza su personería jurídica o activos comerciales como respaldo legal. Esta dualidad le otorga una ventaja competitiva única: posee la liquidez del sistema bancario y el sólido respaldo social del Ayni.
Sobre esta capacidad de gestión autónoma, Carmen Rosa Apaza explica que,«la mujer de pollera tiene la capacidad de generar y administrar recursos propios a través del comercio, las empresas familiares o actividades independientes… Esto en Gran Poder, se traduce en tener la capacidad de recibir cargos altos que se manifiestan en jerarquías como organizadores, fundadores o prestes… Todo esto aumenta su reconocimiento social, asociando la imagen de la mujer de pollera con progreso, solvencia y liderazgo».
Aunque el chacha-warmi (dualidad hombre-mujer) es un pilar andino, en la Fiesta del Gran Poder, ha permitido a la mujer ganar una autonomía de decisión que rompe jerarquías tradicionales. Al no depender económicamente del varón para financiar su prestigio, la mujer reafirma su independencia. Vestirse de chola para la festividad es una declaración de competencia en ambos mundos, el occidental-bancario y el andino-recíproco.
Esta transición hacia un equilibrio con mayor autoridad femenina es descrita por Marybeth Cuentas que asevera: «El chacha-warmi sigue siendo importante, pero con más equilibrio y equidad. Y sin dejar de lado nuestras tradiciones. Ahora la mujer ya no solo acompaña, sino que también tiene voz y autoridad».
No obstante, esta evolución no está exenta de desafíos estructurales en la búsqueda de una igualdad plena.
«Considero que si bien el principio del chacha-warmi plantea una relación de complementariedad, en nuestra sociedad en general, aún persiste la lucha por la igualdad sustantiva y la superación de barreras delineadas por el machismo, pese a ello, en actualidad, este principio ha evolucionado constituyéndose en un rol fundamental, dinámico y multifacético; las mujeres, somos hoy un pilar para el desarrollo», analiza la Dra. Claudia Cossio.
Finalmente, esta dualidad permite que el liderazgo femenino se ejerza con una maestría estratégica que, aunque respeta la forma del complemento, tiene claridad sobre el mando efectivo.
«Esto genera un equilibrio más dinámico, donde la mujer no solo complementa, sino que también lidera, negocia y define… Evidentemente esto del liderazgo se oculta la mayoría de las veces por no perder el gran significado de ser el complemento con la pareja… pese a que el mundo ya sabe quién manda», dice Carmen Rosa Apaza.
El «MBA» de la Vida Real y Retos Estructurales
Asumir el liderazgo de una fraternidad equivale a dirigir una corporación temporal, que exige habilidades avanzadas de Project Management: logística masiva, gestión de contratos y marketing comunitario. La mujer ha profesionalizado su devoción, transitando de la fe pasiva a la gerencia estratégica. A partir de aquí, opera el Retorno Social de la Inversión (SROI), donde los vínculos creados consolidan redes de negocios que posicionan a estas líderes como una nueva élite empresarial cultural.
Sobre este rol de liderazgo y gestión activa, Marybeth Cuentas, explica que: «La participación de la Warmi Preste ha cambiado de gran manera por la forma en que ahora se ve a la mujer en cada actividad con entrega, fe y devoción y no solo eso, ya que ahora liderará, organiza, coordina. Nos da voz, presencia y respeto dentro de dicha jerarquía. Hoy en día, una mujer de pollera no solo participa, sino que dirige y representa con orgullo a su fraternidad y a nuestra cultura».
Más allá de su éxito financiero, la mujer de pollera lidera un ritmo de vida excepcional al coordinar tres actividades: la gestión de sus negocios, las responsabilidades del hogar y la organización de la fiesta. La mujer en el Gran Poder ha diseñado un modelo de modernidad alternativa donde el ascenso socioeconómico no exige la renuncia a la identidad, sino su reafirmación más profunda.
La Consolidación de una Modernidad Propia
Al concluir la entrada folklórica, el movimiento de las polleras trasciende la estética para convertirse en el testimonio de una victoria estructural. El «Poder en la Pollera» es la manifestación de una nueva identidad económica, donde la mujer se erige como arquitecta de su propia autonomía y guardiana de la memoria colectiva. Esta fusión entre la ética tradicional del «Ayni» y las exigencias del sistema bancario moderno demuestra que Bolivia ha gestado su propia forma de desarrollo: una modernidad que no copia modelos externos, sino que nace de sus propias raíces.
En el epicentro de la festividad, la solvencia económica se demuestra bailando. La riqueza deja de ser un acumulado estático y se consolida cumpliendo, simultáneamente con los compromisos comunitarios y las obligaciones bancarias. En pleno siglo XXI, la pollera se ha transformado en un símbolo de poder y libertad económica.
«La mujer de pollera fortalece el prestigio social de la mujer en un entorno multicultural, ya que demuestra autonomía económica y éxito personal y familiar… Esto aumenta su reconocimiento social, asociando la imagen de la mujer de pollera con progreso, solvencia y liderazgo y presencia ante una sociedad exigente», afirma Carmen Rosa Apaza.
En definitiva, este movimiento socioeconómico posiciona a la festividad como el «Wall Street de los Andes», dotando al capital de música, ritual y sentido festivo. La pollera ha dejado de ser interpretada meramente como una vestimenta étnica para transformarse en un indicador de solvencia indiscutible. Existe aquí la prueba fehaciente de que en Bolivia no es necesario mimetizarse con modelos foráneos para detentar el capital: se puede ser moderno, próspero y plenamente aymara al mismo tiempo.
Por: Galia Ines Ramos Borda – Socióloga
* En el Gran Poder, el «Preste» es el anfitrión principal que asume el liderazgo espiritual y financiero de la fiesta, mientras que el «Pasante» es quien gestiona la organización y el gasto de la danza. Actualmente, estos roles se fusionan en la «Warmi Preste-Pasante», una figura femenina que centraliza tanto el prestigio social como la gerencia económica de la fraternidad.

