QAMASA Digital. – Por décadas, la cultura ha sido uno de los pilares discursivos del desarrollo en Bolivia. La Constitución la reconoce como un derecho fundamental, el Estado se define como plurinacional y el discurso gubernamental destaca la diversidad como riqueza estratégica.
Sin embargo, el primer Informe Mundial de la Unesco sobre políticas culturales revela que en América Latina, y particularmente en países como Bolivia, la cultura sigue siendo un sector con alto valor simbólico. Su peso real en la planificación económica y presupuestaria es casi inexistente.
“Solo el 46% de los países del Norte Global y el 58 % de los del Sur Global han incorporado la cultura en sus estrategias de desarrollo. Aunque las industrias culturales y creativas representan el 3,39 % del PIB mundial y el 3,55 % del empleo mundial, siguen existiendo importantes desigualdades en términos de financiación, acceso y participación”, señala el informe en su presentación
Según la UNESCO, a nivel global menos del 1% del gasto público se destina al sector cultural, una cifra que se repite en la mayoría de países de ingresos medios y bajos. En el caso boliviano, aunque el informe no ofrece un porcentaje exacto de presupuesto nacional, sí ubica al país dentro del grupo que carece de estadísticas sistemáticas, mediciones de impacto económico y políticas culturales con indicadores verificables.
“Si realmente quisiéramos que Bolivia tome en serio el tema de cultura y creatividad como desarrollo, hay ciertas decisiones que se tienen que hacer en tres ámbitos, educación, financiamiento y regulación”, señala Alejandro Zegarra, vicerrector adjunto de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz).
Bolivia aparece en el informe como un país de enorme riqueza cultural y avances jurídicos notables, pero también como un Estado donde esa riqueza todavía no se traduce en empleo, industrias creativas ni políticas públicas sostenidas.
Un país que reconoce la cultura… en la Constitución
A diferencia de muchos Estados del mundo, Bolivia sí ha dado pasos jurídicos de alto valor simbólico. La Constitución de 2009 declara al país como “Estado Plurinacional”, reconociendo el derecho de los pueblos indígenas a su identidad cultural, sus lenguas y su autodeterminación
Asimismo, el informe destaca que es uno de los pocos países que ha incorporado una visión cultural del mundo natural en su sistema legal. En 2010 aprobó la Ley de Derechos de la Madre Tierra, que reconoce a la naturaleza como “sujeto colectivo de interés público” con derecho a la vida, al agua, a la biodiversidad y a la restauración.
Para la UNESCO, estas normas colocan a Bolivia, además de Ecuador, como pioneros mundiales en justicia ecológica, al romper con la visión de que la naturaleza es sólo un recurso económico y no una entidad con valor cultural y espiritual. Afirma que es un logro que pocos países pueden exhibir.
Sin embargo este avance parece haber quedado en los papeles, pues aún no se traduce en impactos reales.
Un sector estratégico… sin datos
Sin embargo, el mismo informe advierte una debilidad estructural, la falta de sistemas nacionales de información cultural. Uno de los hallazgos más críticos del informe es que sólo 42% de los países del mundo cuentan con sistemas sólidos de información cultural. Bolivia no figura entre ellos.
La ausencia de datos confiables sobre empleo cultural, industrias creativas, circulación de bienes simbólicos o aportes al PIB impide diseñar políticas públicas eficaces. Es decir, Bolivia reconoce la cultura en su Constitución, pero no la mide en su economía
“Lo que no se mide, no existe”, advierte el documento de la Unesco, que señala que en países andinos la cultura suele gestionarse como un asunto patrimonial o identitario, pero no como motor económico ni herramienta de inclusión social.
Para Zegarra, las universidades pueden jugar un rol decisivo en este punto. Sostiene que a través de observatorios, la academia puede generar y analizar información en diferentes áreas en las que la cultura tiene impacto.
“Por ejemplo, en Unifranz tenemos el Observatorio Nacional del Trabajo (ONT), el Cintur en el área de turismo. Estos tienen sistemas que recopilan información, la procesan y la presentan de manera que permiten tomar decisiones. Podríamos tener información
Esto, explica, nos daría una línea de tiempo para comparar e identificar la evolución del sector. La investigación aplicada que pueda hacer la universidad y la evaluación del impacto puede mostrarnos el impacto de la cultura en lo económico, lo social, lo educativo, entre otros aspectos.
Empleo cultural: informal y precario
A escala global, la cultura genera 48 millones de empleos, lo que representa el 6,2% del empleo mundial. Sin embargo, el informe alerta que en América Latina más del 60% de estos trabajos son informales, sin seguridad social ni estabilidad contractual.
Bolivia se inscribe en este patrón regional, la mayor parte de artistas, gestores, artesanos y trabajadores culturales opera bajo esquemas de autoempleo, sin acceso a fondos públicos permanentes ni protección laboral. La pandemia profundizó esta fragilidad ya que el sector cultural fue uno de los más golpeados y uno de los últimos en recibir medidas de recuperación económica.
“En Bolivia, el emprendedor y el empleado creativo es joven y está altamente educado. Más de la mitad tiene menos de 43 años y más del 40 % de ellos han completado estudios de nivel superior. El problema que enfrenta este creativo es que su permanencia en la formalidad es vulnerable”, señala Ahmed Eid, investigador de datos que fue parte del III Foro Internacional de Economía Creativa impulsado por Unifranz.
De acuerdo a cuando este creativo consigue un empleo formal —entendiendo por formalidad que cuenta con contrato, aportes a la AFP y seguro de salud—, tiene una prima salarial. Es decir, sus ingresos laborales por la actividad creativa superan a los del mercado en general entre el 20% y el 5%.
Diversidad cultural: fortaleza simbólica, debilidad institucional
El informe subraya que países como Canadá, Nueva Zelandia o Japón han convertido su diversidad cultural en una política pública concreta: financian festivales, protegen lenguas, invierten en industrias creativas y generan exportaciones culturales
Bolivia, en cambio, ha avanzado sobre todo en el reconocimiento de derechos, pero mucho menos en la construcción de un ecosistema creativo que convierta esa diversidad en empleo, innovación y valor económico.
Mientras Colombia o Chile desarrollaron fondos públicos, observatorios culturales y marcos de industrias creativas, Bolivia sigue operando —según el diagnóstico implícito del informe— más como un país patrimonial que como una economía creativa.
¿Qué puede aprender Bolivia?
El Informe Mundial de la UNESCO plantea tres lecciones clave que resultan especialmente pertinentes para el contexto boliviano: invertir más y mejor, medir para decidir y pasar del discurso a la política.
Lo que se debe entender es que sin presupuesto no hay política cultural. El informe recomienda destinar al menos el 1 % del gasto público al sector, con enfoque territorial e inclusión de comunidades rurales e indígenas.
Asimismo, Bolivia necesita construir un sistema nacional de estadísticas culturales, que registre empleo, producción, circulación y consumo cultural. Para que esto ocurra la diversidad cultural debe dejar de ser solo narrativa identitaria y convertirse en estrategia económica, educativa y tecnológica.
Para Zegarra también es necesario actuar en políticas de educación. “Se debe desarrollar el STEM+ -esto relacionado a industrias creativas-, integrar artes, diseño, medios digitales, producción audiovisual, programación creativa, la gestión cultural, gestión de rutas gastronómicas, formación técnica relacionada a la economía creativa, como oficios de sonido, iluminación, animación, marketing digital, gestión de eventos, artesanía, entre otros”.
También se debe ver temas de propiedad intelectual y negocios creativos dentro de la currícula, para potenciar y fomentar este tipo de emprendimientos. El elemento de financiamiento está relacionado a poder tomar y tener fondos y garantías para la producción intangible creativa.
También es importante regular la actividad de la economía creativa digital. “Esto sobre todo por los derechos de autor, licencias, contratos. Hay que simplificar lo que es la formalización y yo creo que eso no solamente es en ese sector sino de manera general y esto va de la mano con acompañar con datos respecto al consumo de productos culturales”.
Desarrollo pendiente
El informe de la UNESCO concluye que la cultura no es un lujo, es infraestructura social. Contribuye al empleo juvenil, fortalece la cohesión social, estimula la innovación y protege la democracia.
En Bolivia, donde el discurso cultural es omnipresente pero la inversión es mínima, queda el desafío de transformar la riqueza simbólica en política pública efectiva. De lo contrario, la cultura seguirá siendo celebrada en los discursos y olvidada en los presupuestos.
Como resume el propio informe: “Los países que no integren la cultura en sus estrategias de desarrollo perderán una de las herramientas más poderosas para construir sociedades más justas, resilientes y creativas” .(El Deber)..

