QAMASA Digital. – La entrada del Jisk’a Anata 2026 que se vivió este lunes y que cumplió 35 años de vigencia, se consolidó como el corazón del carnaval paceño, donde las familias se reencontraron no sólo a través de la danza, sino recuperando la alegría del juego tradicional como antaño.
Entre el despliegue de los participantes, se vivió un ambiente de sana integración en el que propios y extraños compartieron risas y costumbres, reafirmando que la esencia de esta fiesta reside en la unión y la memoria colectiva.
Desde el mediodía, cientos de personas esperaban el espectáculo de las 62 fraternidades, conjuntos y ballets folklóricos; mientras tanto, el juego con globos de agua (pese a la prohibición) y con espuma, entre espectadores e inclusive con los danzarines y músicos desataba risas sin discusiones o reclamos. Si bien hubo la venta de bebidas alcohólicas, no se observó el consumo excesivo ni entre el público ni los danzarines que optaron más por el baile y el juego.

El baile y la música de la tarqueada, de la chacarera, el tinku, el salay, del carnaval chicheño, los potolos la llamerada, los waca waca, la kullawada, los caporales, la diablada, los wititis, los sikuris de Italaque, los khantus de Charazani, las estudiantinas, la cueca tarijeña, las pandillas chuquisaqueñas, los cachuiris, la saya afroboliviana, los ch’utas y pepinos fueron la muestra de la diversidad de esta festividad, la cual se manifiesta como un profundo agradecimiento a la Pachamama por los primeros frutos de la cosecha y que se consolida como uno de los eventos más emblemáticos para la integración de las tradiciones rurales y urbanas de Bolivia(QAMASA). .


