QAMASA Digital. – El departamento de Tarija, particularmente la provincia Méndez, es donde se ha mantenido el habla peculiar del chapaco. Un modo de hablar lento y parsimonioso, melodioso y agradable al oído. Otra particularidad de este bello valle es la cordialidad de sus habitantes, el buen humor a la par de una buena predisposición anímica y, particularmente, la profunda fe religiosa que tienen en los santos. Por ello, existe un calendario religioso bastante amplio en todo el año. Los festejos son constantes y cada uno de los santos tiene sus fervorosos creyentes que, en cada una de las fechas, recuerdan con gran devoción el aniversario del santo festejado.
Quizá por esta razón, en Tarija existe una enorme cantidad de lugares que llevan el nombre de Santos y santas. Así tenemos, San Lorenzo, San Mateo, Santa Ana, San Andrés, San Pedro, San Luis, etc.
Cuando fundó Tarija don Luis de Fuentes y Vargas, el 4 de julio de 1574, el nombre oficial fue Villa de San Bernardo de la Frontera, en honor a San Bernardo de Claraval.
Este fue el primer nombre de un santo en la fundación de la ciudad de Tarija, un santo lleno de vida, buen humor y fe religiosa, tal cual lo sería después el habitante tarijeño, heredero del carisma y el poder de persuasión del santo francés.
El 10 de agosto de 1578, -cuenta Tomás O’Connor d’Arlach – se llevó a cabo el combate de La Matara, entre los belicosos Chiriguanos y los españoles pobladores de Tarija, “en un cerrillo pedregoso, distante de la Villa de San Bernardo unas dos leguas”. Era –dice el Padre Corrado- el día de San Lorenzo, cuyo amparo invocaron fervorosamente los españoles. No salió fallida su fe porque tan grande fue el destrozo que hicieron en los bárbaros que le quedó al sitio el nombre de “La Matanza”, mudado después por “La Matara”. Los buenos Tomatas que habían acompañado a los españoles en el combate y en el triunfo, quisieron perpetuar el recuerdo de su gratitud levantando en su pago un templo al glorioso mártir Levita y el sitio de “Tarija La Vieja” empezó, desde entonces, a tomar el nombre de San Lorenzo.
Desde esa fecha, quedó San Lorenzo como el santo oficial de ese lugar, al cual además le dio su nombre.
Los habitantes de Tarija, fervorosos católicos, tenían la costumbre de sacar en procesión a los santos cuando requerían algún favor particular. En oportunidad de la batalla de “La Matara”, dicen que pidieron la protección a San Lorenzo y no a San Bernardo, porque en una anterior oportunidad el santo no había concedido las peticiones que le hicieron. En cambio, San Lorenzo sí lo hizo, quedando desde ese día el agradecimiento y la devoción hacia el santo martirizado y, como prueba de su fe y devoción, instauraron la fiesta de San Lorenzo para recuerdo de las generaciones venideras.
Mucho tiempo después vino una plaga de enfermedades por Tarija, desde la viruela, el sarampión y principalmente la temible lepra. Los fervorosos tarijeños sacaron en procesión a los santos, vano intento, porque la lepra en vez de disminuir se fue expandiendo de a poco, situándose sobre todo en cantones alejados de la ciudad, lo cual impedía traer a los enfermos o hacer una cuarentena en esos lugares.
Recurrieron a varios santos, hicieron procesión por distintos lugares, pero el mal persistía. Uno de los franciscanos recordó a uno de los santos que curaba a los enfermos y que en algunas ciudades de Italia había curado a leprosos, aunque el santo aludido era de Francia. Se referían a San Roque, un santo que había padecido en vida la enfermedad de la lepra, que la había superado y que había curado a muchos enfermos que la padecían.
Este santo cobró una inmediata como efectiva fama de sanador de enfermos. Muchos leprosos recurrían invocando su nombre y el milagro se daba. De esta manera, San Roque desplazó a todos los santos anteriores y se puso como el centro de la fe en la ciudad de Tarija. Dicen que en realidad disminuyeron los enfermos de lepra porque se había fundado un leprosorio en el cantón de Guerrahuayco y allí fueron trasladados casi todos los enfermos que pensaban habían sido curados por San Roque. Más allá de que esto sea cierto o no, San Roque cobró una singular notoriedad y quedo al centro del santoral tarijeño desde principios del siglo XX y todavía permanece su festejo como el principal dentro de las fiestas religiosas del valle andaluz.
De esa manera, Tarija fue bautizada con el nombre de un santo: San Bernardo, un singular santo lleno de carisma y mucha fe, lo cual se vio reflejado en la idiosincrasia del chapaco; luego vino San Lorenzo, un santo mártir y valiente, dándole al tarijeño esa valentía y firmeza de carácter; finalmente, vino San Roque, un santo lleno de generosidad y benevolencia, virtud que también se refleja en la gentileza y generosidad del poblador de Tarija.
Carisma y gentileza, valentía y firmeza, generosidad y benevolencia, herencia de tres santos, virtud de tarijeños(Lasraicesdelonuestro)

