La Paz, Bolivia /QAMASA Digital. – El país no está ante una protesta social, sino que se encuentra ante un chantaje criminal ejecutado por grupos radicales que vienen estrangulando la economía nacional. Los bloqueos violentos de la Central Obrera Boliviana, de los ponchos rojos, mujeres de las Bartolina Sisa, juntas de vecinos y los cocaleros del Chapare afines al masismo; constituyen verdaderos actos de violencia, delincuencia y asalto organizado contra los ciudadanos que trabajan día a día para sostener al país.
Estos exigen la renuncia del presidente Rodrigo Paz, sin una justificación legal, esto es una muestra abierta a un golpe certero a la democracia. Estos sectores usan la Constitución Política del Estado como una burla y un trapo sucio, pisoteando las leyes cada vez que sus intereses particulares o sus líderes cuestionados se ven acorralados por la justicia.
Estamos frente a movilizaciones vacías, sin rumbo filosófico, ideológico ni político. No existe una sola propuesta seria o alternativa para salvar al país; su único motor es el odio, el racismo y la sed de impunidad. Esta crisis es el resultado directo de una guerra interna y miserable por el poder entre el gobierno actual y las cúpulas de los masistas que destrozaron las instituciones durante los 15 años de gobierno de Evo Morales y los cinco últimos con Luis Arce.
Es hora de terminar con el falso discurso de representación popular. Utilizar los ponchos rojos, las polleras y las abarcas como un escudo moral para delinquir es una manipulación ridícula. Nadie tiene derecho a destruir el país en nombre del «pueblo». Es urgente y necesario recuperar el orden: las leyes se respetan y, por encima de cualquier indumentaria o chantaje, todos somos bolivianos con los mismos deberes y derechos.
Al final del día, más allá de la vestimenta o la región, todos somos bolivianos atrapados en la misma crisis y bajo la misma bandera.(Periódico Qamasa)

