QAMASA Digital.- En el corazón de la Amazonía boliviana, a orillas del río Beni, la comunidad indígena San Miguel del Bala se ha convertido en un ejemplo de convivencia armónica con la naturaleza. Allí, 273 habitantes combinan agricultura, producción local y turismo comunitario como pilares de su desarrollo.
El visitante encuentra una experiencia distinta: compartir con las familias, conocer sus costumbres y recorrer la selva acompañado de guías locales. La oferta incluye alimentación, hospedaje en cabañas familiares y actividades que integran la vida cotidiana con el entorno natural.
La comunidad también impulsa la producción de caña de azúcar y cacao, productos que forman parte de la experiencia turística, pues los visitantes pueden participar en su elaboración y conocer su importancia en la economía local.
En medio del bosque funciona una unidad educativa donde estudian 93 niños y jóvenes, rodeados de naturaleza y valores comunitarios. El fútbol, además, se ha consolidado como la principal actividad recreativa y un espacio de encuentro para los jóvenes.
A pocos kilómetros se encuentra el Cañón del Bala, atractivo natural que ofrece un recorrido breve pero intenso en plena selva. El viaje suele iniciar en Rurrenabaque, punto de partida para explorar esta región amazónica.
San Miguel del Bala se presenta como un modelo de cómo es posible vivir, producir y recibir turismo sin dañar la naturaleza, proyectando un futuro sostenible desde la selva.
En el corazón de la Amazonía boliviana, a orillas del río Beni, la comunidad indígena San Miguel del Bala se ha convertido en un ejemplo de convivencia armónica con la naturaleza. Allí, 273 habitantes combinan agricultura, producción local y turismo comunitario como pilares de su desarrollo.
El visitante encuentra una experiencia distinta: compartir con las familias, conocer sus costumbres y recorrer la selva acompañado de guías locales. La oferta incluye alimentación, hospedaje en cabañas familiares y actividades que integran la vida cotidiana con el entorno natural.
La comunidad también impulsa la producción de caña de azúcar y cacao, productos que forman parte de la experiencia turística, pues los visitantes pueden participar en su elaboración y conocer su importancia en la economía local(LA RAZÓN).

